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Porque es de agua...
Si ! falta agua en el Chavascate
La ultima semana de enero "el camioncito" (con altoparlantes) recorrió Agua de Oro y alrededores alertando a la población sobre la emergencia hidrica "debido a la sequía y un ilícito en Candonga" según propias palabras de la Cooperativa responsable del tema.
Se indicaba no desperdiciar agua en jardines, piletas y demás.
Supuestamente el tema del ilícito cometido (reincidentemente) en la zona de captación de agua potable para la población de estos pagos y otras medidas que ataquen la causalidad de la emergencia (llover, todavia no se descubrió cómo hacer llover...) quedarán a cargo de la-s Autoridad-es de la misma Coop. ya que no se convocó a ninguna asamblea o reunión al efecto.
¡ esperemos que vuelva la lluvia y nos salve ?!!!
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La ultima semana de enero "el camioncito" (con altoparlantes) recorrió Agua de Oro y alrededores alertando a la población sobre la emergencia hidrica "debido a la sequía y un ilícito en Candonga" según propias palabras de la Cooperativa responsable del tema.
Se indicaba no desperdiciar agua en jardines, piletas y demás.
Supuestamente el tema del ilícito cometido (reincidentemente) en la zona de captación de agua potable para la población de estos pagos y otras medidas que ataquen la causalidad de la emergencia (llover, todavia no se descubrió cómo hacer llover...) quedarán a cargo de la-s Autoridad-es de la misma Coop. ya que no se convocó a ninguna asamblea o reunión al efecto.
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Jesus Maria... además de Doma y Folclore
Repudiamos los homenajes al Gobernador Gioja en el Festival de Jesús María y denunciamos
Apología de los delitos de Genocidio y Ecocidio.
Apología de los delitos de Genocidio y Ecocidio.
La crisis del agua en Córdoba para muchos, no fue sorpresa.
Articulo publicado en La Voz del 18 de Enero
Germán Jaacks Guardaparque. Parque Nacional Quebrada El Condorito
La crisis del agua en Córdoba para muchos, no fue sorpresa. Se generalizó el concepto de "sequía extrema" y se planea hacer un acueducto desde el río Paraná. Lo cierto es que nadie explicó las verdaderas razones de la crisis. Por empezar, no hubo "sequía". Lo que hubo es una "estación seca" muy similar a las que se registraron en algunos años anteriores.
Pero la situación se ha vuelto problemática. Si estas fluctuaciones climatológicas antes no generaban caos, ¿por qué ahora sí? Es que se conjugaron tres factores: empeoró el estado de los ecosistemas que nos brindan servicios ambientales a la comunidad mediante la captación y retención hídrica de las lluvias estacionales; la temperatura global está aumentando y nuestras defensas ambientales naturales están demasiado debilitadas para soportarlo, y se incrementó el consumo de agua sin una apropiada planificación y con dificultades de control.
Las lluvias estacionales caen mayormente en las montañas. En el cinco por ciento de la superficie provincial (las Sierras Grandes de Córdoba) nace el 70 por ciento de los ríos que abastecen a más de dos millones de personas. Por milenios, la naturaleza contrarrestó el rápido escurrimiento del agua frenándola mediante la presencia de vegetación. Los suelos con bosques nativos absorben 18 veces más agua que un suelo desprotegido. El suelo es una esponja natural.
Suelo degradado. Ahora, ese sistema no está funcionando bien, porque se ha dañado el suelo con sobrepastoreo, incendios, desmontes, árboles introducidos. Con todo ello, el daño está activo, los suelos se erosionan con el agua y el viento, y va quedando roca desnuda. Estas montañas son una "fábrica de agua", pero se las usa para fabricar carne, leña, pinos, etcétera.
Todo empeora en estos tiempos de calentamiento global. Debemos adaptarnos a esta realidad que se nos viene. El bosque, el matorral y el pajonal nativos son nuestras defensas ambientales naturales contra este incipiente calentamiento y nos ayudarán a amortiguar impactos.
Además, todo se complica cuando la demanda de agua aumenta sin las debidas previsiones. Se generaron emprendimientos inmobiliarios sin dar tiempo a planificar el crecimiento metropolitano y serrano, en función de temas cruciales como la provisión sustentable de agua.
Proyecto río Paraná. La propuesta de solución que baraja el Gobierno provincial es traer agua del río Paraná, con costos de construcción y operación altísimos y relativamente vulnerable ante fallas humanas o técnicas. Y no conocemos aún los detalles de mitigación ambiental de esa iniciativa.
Pero somos cada vez más los que sostenemos que la solución tiene que estar en algo sostenible en el tiempo y que tenga la mayor eficiencia económica, social y ambiental. Y la solución la tenemos a la vista: hay que mirar hacia la montaña, hay que proteger las nacientes de los ríos.
Se debería organizar productivamente las tierras altas promoviendo la captación y retención de agua, aplicando modelos ya comprobados de mejoramiento y aprovechamiento de cuencas hídricas para abastecimiento humano: campos con buena cobertura vegetal, con suelo no compactado, con buenos cortafuegos, con bajas cargas ganaderas, con consorcios de productores rurales que brinden servicios comunes, haciendo restauración ambiental (como forestación con especies nativas, erradicación de plantas invasoras exóticas como pinos, álamos y mimbres) y favoreciendo la investigación. Es todo un trabajo especializado, remunerado y con plena identidad cultural regional.
Se puede considerar una actividad productiva rural más, diversificando la producción serrana. En pocos años de restauración ambiental se obtienen resultados hidrológicos satisfactorios con la aplicación de técnicas de bajo costo.
Los dueños de esas tierras deberían transformarse en valiosos "productores de agua" mediante un correcto ordenamiento territorial. Además, esa tierra queda disponible para otros aprovechamientos, como el turismo y la ganadería de bajo impacto. El pago de esos servicios de provisión de agua se cubriría con una parte de las recaudaciones de las facturas de consumo de agua. Es algo viable económicamente. No sería un subsidio, sino una remuneración por servicios.
La provisión de agua debería dar más ganancia que la vaca en la montaña. Pero si seguimos sin pagar el servicio de provisión de agua, los dueños de las montañas seguirán optando por la única alternativa económica viable por el momento: la ganadería no sustentable, que está llevando al despoblamiento de la Pampa de Achala.
Complementariamente, el Estado puede recaudar de las facturas del consumo de agua para ir comprando algunas tierras altas de la montaña. Estos manejos de cuencas se hacen en muchas partes, es algo técnicamente simple, funciona en todo el mundo y aquí, en la Pampa de Achala, hay experiencias.
Reserva hídrica. En las Sierras Grandes, donde las nubes descargan sus gotas, junto al Parque Nacional Quebrada del Condorito, tenemos una Reserva Hídrica Provincial, de unas 130 mil hectáreas, que abarca las porciones más significativas de las nacientes de los principales ríos cordobeses. Se trata en su totalidad de tierras de dominio o posesión privada.
Lamentablemente, tras 10 años de su creación, tenemos todo lo contrario de lo que debería ser una reserva hídrica: sin ordenamiento territorial, sin pautas de manejo, con uso del suelo no sustentable, con sobrecargas ganaderas, con quemas ilegales y por consiguiente, una erosión muy activa y una marcada incapacidad de retención hídrica.
Tenemos así una enorme reserva hídrica sin funcionar. La creación de esta reserva había tenido el propósito original de proteger las nacientes, cosa que nunca hizo, y por eso, los ríos están cada vez más secos. Si alguna vez se hace funcionar este sistema, nos olvidaremos de acueductos descomunales.
Germán Jaacks Guardaparque. Parque Nacional Quebrada El Condorito
La crisis del agua en Córdoba para muchos, no fue sorpresa. Se generalizó el concepto de "sequía extrema" y se planea hacer un acueducto desde el río Paraná. Lo cierto es que nadie explicó las verdaderas razones de la crisis. Por empezar, no hubo "sequía". Lo que hubo es una "estación seca" muy similar a las que se registraron en algunos años anteriores.
Pero la situación se ha vuelto problemática. Si estas fluctuaciones climatológicas antes no generaban caos, ¿por qué ahora sí? Es que se conjugaron tres factores: empeoró el estado de los ecosistemas que nos brindan servicios ambientales a la comunidad mediante la captación y retención hídrica de las lluvias estacionales; la temperatura global está aumentando y nuestras defensas ambientales naturales están demasiado debilitadas para soportarlo, y se incrementó el consumo de agua sin una apropiada planificación y con dificultades de control.
Las lluvias estacionales caen mayormente en las montañas. En el cinco por ciento de la superficie provincial (las Sierras Grandes de Córdoba) nace el 70 por ciento de los ríos que abastecen a más de dos millones de personas. Por milenios, la naturaleza contrarrestó el rápido escurrimiento del agua frenándola mediante la presencia de vegetación. Los suelos con bosques nativos absorben 18 veces más agua que un suelo desprotegido. El suelo es una esponja natural.
Suelo degradado. Ahora, ese sistema no está funcionando bien, porque se ha dañado el suelo con sobrepastoreo, incendios, desmontes, árboles introducidos. Con todo ello, el daño está activo, los suelos se erosionan con el agua y el viento, y va quedando roca desnuda. Estas montañas son una "fábrica de agua", pero se las usa para fabricar carne, leña, pinos, etcétera.
Todo empeora en estos tiempos de calentamiento global. Debemos adaptarnos a esta realidad que se nos viene. El bosque, el matorral y el pajonal nativos son nuestras defensas ambientales naturales contra este incipiente calentamiento y nos ayudarán a amortiguar impactos.
Además, todo se complica cuando la demanda de agua aumenta sin las debidas previsiones. Se generaron emprendimientos inmobiliarios sin dar tiempo a planificar el crecimiento metropolitano y serrano, en función de temas cruciales como la provisión sustentable de agua.
Proyecto río Paraná. La propuesta de solución que baraja el Gobierno provincial es traer agua del río Paraná, con costos de construcción y operación altísimos y relativamente vulnerable ante fallas humanas o técnicas. Y no conocemos aún los detalles de mitigación ambiental de esa iniciativa.
Pero somos cada vez más los que sostenemos que la solución tiene que estar en algo sostenible en el tiempo y que tenga la mayor eficiencia económica, social y ambiental. Y la solución la tenemos a la vista: hay que mirar hacia la montaña, hay que proteger las nacientes de los ríos.
Se debería organizar productivamente las tierras altas promoviendo la captación y retención de agua, aplicando modelos ya comprobados de mejoramiento y aprovechamiento de cuencas hídricas para abastecimiento humano: campos con buena cobertura vegetal, con suelo no compactado, con buenos cortafuegos, con bajas cargas ganaderas, con consorcios de productores rurales que brinden servicios comunes, haciendo restauración ambiental (como forestación con especies nativas, erradicación de plantas invasoras exóticas como pinos, álamos y mimbres) y favoreciendo la investigación. Es todo un trabajo especializado, remunerado y con plena identidad cultural regional.
Se puede considerar una actividad productiva rural más, diversificando la producción serrana. En pocos años de restauración ambiental se obtienen resultados hidrológicos satisfactorios con la aplicación de técnicas de bajo costo.
Los dueños de esas tierras deberían transformarse en valiosos "productores de agua" mediante un correcto ordenamiento territorial. Además, esa tierra queda disponible para otros aprovechamientos, como el turismo y la ganadería de bajo impacto. El pago de esos servicios de provisión de agua se cubriría con una parte de las recaudaciones de las facturas de consumo de agua. Es algo viable económicamente. No sería un subsidio, sino una remuneración por servicios.
La provisión de agua debería dar más ganancia que la vaca en la montaña. Pero si seguimos sin pagar el servicio de provisión de agua, los dueños de las montañas seguirán optando por la única alternativa económica viable por el momento: la ganadería no sustentable, que está llevando al despoblamiento de la Pampa de Achala.
Complementariamente, el Estado puede recaudar de las facturas del consumo de agua para ir comprando algunas tierras altas de la montaña. Estos manejos de cuencas se hacen en muchas partes, es algo técnicamente simple, funciona en todo el mundo y aquí, en la Pampa de Achala, hay experiencias.
Reserva hídrica. En las Sierras Grandes, donde las nubes descargan sus gotas, junto al Parque Nacional Quebrada del Condorito, tenemos una Reserva Hídrica Provincial, de unas 130 mil hectáreas, que abarca las porciones más significativas de las nacientes de los principales ríos cordobeses. Se trata en su totalidad de tierras de dominio o posesión privada.
Lamentablemente, tras 10 años de su creación, tenemos todo lo contrario de lo que debería ser una reserva hídrica: sin ordenamiento territorial, sin pautas de manejo, con uso del suelo no sustentable, con sobrecargas ganaderas, con quemas ilegales y por consiguiente, una erosión muy activa y una marcada incapacidad de retención hídrica.
Tenemos así una enorme reserva hídrica sin funcionar. La creación de esta reserva había tenido el propósito original de proteger las nacientes, cosa que nunca hizo, y por eso, los ríos están cada vez más secos. Si alguna vez se hace funcionar este sistema, nos olvidaremos de acueductos descomunales.
SEQUIA, DESMONTES... e IMPREVISIONES
La crisis no vino del cielo sino de la terrestre imprevisión de gobernantes. Hay que corregir conductas de productores y ciudadanos.
Por Raúl Montenegro - Biólogo, presidente de Funam - raulmontenegro@flash.com.ar
Mientras los desmontes continúan en Córdoba y la resistencia ambiental a las sequías y las inundaciones alcanza su nivel histórico más bajo, el gobernador Juan Schiaretti prefirió improvisar una solución faraónica: traer agua del Paraná. Olvidó que la solución está mucho más cerca: en las sierras de Córdoba.
La actual sequía no fue históricamente la más grave que sufrió Córdoba. Pero nos encontró en la peor situación ambiental y social. Estamos desnudos de vegetación y de políticas hídricas. Por décadas, gobiernos y ciudadanos descuidamos los 430 kilómetros de sierras –el Macizo Antiguo–, donde se forma la mayor parte de los ríos y del agua subterránea que utilizamos.
Durante miles de años, las sierras estuvieron cubiertas por bosques de coco y molle, matorrales y pastizales de altura. En el verano, esa vegetación nativa amortigua las gotas de lluvia, retiene el suelo y facilita la infiltración de agua. Los suelos y el interior de las montañas actúan como una esponja bastante rígida –donde el agua fluye de modo más lento que en superficie–, a través de caminos invisibles y muy complejos. La “caja de ahorro” serrana es el resultado de la pluviosidad de veranos sucesivos, no sólo del último.
Lamentablemente, los desmontes, los incendios reiterados, el avance de la frontera agrícola y los loteos han dañado nuestra fábrica serrana de agua. Hay menor flujo y acumulación de agua “dentro” del Macizo Antiguo y las vertientes aportan menos caudal o se secan en forma prematura. Al deteriorarse la fábrica serrana, cada vez más agua circula por la superficie en lugar de infiltrar. La falta de vegetación disminuye la retención de suelo y humedad, y aumenta la evaporación.
Fuera de las sierras, el panorama también es desolador. Se desmontaron los bosques chaqueños y del espinal, y se erradicaron los pastizales pampeanos del sudeste. De los 12 millones de hectáreas que tenían los bosques nativos, apenas quedan con su estructura original menos de 600 mil (cinco por ciento). De los tres ecosistemas que tenía la provincia, el Espinal y el Pampeano ya desaparecieron como sistemas extensos.
Los cultivos industriales que reemplazaron a los bosques y pastizales actúan, además, como verdaderas “bombas expulsoras” de agua. Para producir un kilogramo de porotos de soja, por ejemplo, las plantas utilizan unos 1.400 litros de agua. Cuando la lluvia y el contenido de agua del suelo no son suficientes, se extrae agua subterránea y se riega.
Las cuatro cuencas de agua subterránea ligadas con las sierras sufren distinto grado de sobreexplotación y, además, se las contamina con plaguicidas, líquidos cloacales y residuos industriales.
Finalmente, están los asentamientos humanos con patrones individuales de consumo cada vez más elevados, y las crecientes demandas comerciales, industriales y mineras de agua dulce.
Ideas confusas.
El problema no es la sequía, ni las futuras inundaciones que inexorablemente ocurrirán, sino un Estado provincial con ideas confusas e improvisación, y un Estado federal ausente. No perciben que tenemos la más baja resistencia ambiental y social de la historia para enfrentar la falta de lluvias, y también las lluvias excesivas. No hay provincia estable si no se equilibran las superficies destinadas a ambiente nativo y producción agrícola y no se protegen las fábricas de agua y suelo de las serranías.
Bosque y producción deben coexistir, lado a lado, con superficies equivalentes. Pero las medidas de Gobierno parecen marchar a contramano de lo que se necesita.
Para tener más resistencia ambiental y social a las sequías y las inundaciones, hace falta un programa elaborado por distintos actores sociales, pues los gobiernos de la Provincia y la Nación mostraron incapacidad para realizarlo.
Necesitamos declarar a las sierras como fábricas de agua y suelo y protegerlas en serio, prohibir el desmonte, conservar los ambientes nativos que hoy existen, recuperar los bosques degradados, terminar con la expulsión de campesinos y limitar regionalmente la superficie de campo dedicada a soja y otros cultivos industriales.
Urge un programa que conozca y monitoree la disponibilidad de agua superficial y subterránea; que proteja los embalses de la colmatación y las floraciones de bacterias tóxicas; que instale patrones individuales de ahorro; que promueva tecnologías de tratamiento de líquidos cloacales e industriales; que generalice tecnologías de ahorro como los inodoros de doble posición y los perlizadores; que reutilice las aguas de lavado; que disminuya los consumos abusivos y aumente los muy bajos, y que recicle el agua.
En un país semiárido, no podemos permitir que los megacultivos de soja y las mineras consuman tanta agua como ciudades enteras, que las canillas sigan divorciadas de las cuencas hídricas y que se culpe de todos los males a la sequía o las inundaciones. La crisis no vino del cielo sino de la terrestre imprevisión de los gobernantes.
Por Raúl Montenegro - Biólogo, presidente de Funam - raulmontenegro@flash.com.ar
Mientras los desmontes continúan en Córdoba y la resistencia ambiental a las sequías y las inundaciones alcanza su nivel histórico más bajo, el gobernador Juan Schiaretti prefirió improvisar una solución faraónica: traer agua del Paraná. Olvidó que la solución está mucho más cerca: en las sierras de Córdoba.
La actual sequía no fue históricamente la más grave que sufrió Córdoba. Pero nos encontró en la peor situación ambiental y social. Estamos desnudos de vegetación y de políticas hídricas. Por décadas, gobiernos y ciudadanos descuidamos los 430 kilómetros de sierras –el Macizo Antiguo–, donde se forma la mayor parte de los ríos y del agua subterránea que utilizamos.
Durante miles de años, las sierras estuvieron cubiertas por bosques de coco y molle, matorrales y pastizales de altura. En el verano, esa vegetación nativa amortigua las gotas de lluvia, retiene el suelo y facilita la infiltración de agua. Los suelos y el interior de las montañas actúan como una esponja bastante rígida –donde el agua fluye de modo más lento que en superficie–, a través de caminos invisibles y muy complejos. La “caja de ahorro” serrana es el resultado de la pluviosidad de veranos sucesivos, no sólo del último.
Lamentablemente, los desmontes, los incendios reiterados, el avance de la frontera agrícola y los loteos han dañado nuestra fábrica serrana de agua. Hay menor flujo y acumulación de agua “dentro” del Macizo Antiguo y las vertientes aportan menos caudal o se secan en forma prematura. Al deteriorarse la fábrica serrana, cada vez más agua circula por la superficie en lugar de infiltrar. La falta de vegetación disminuye la retención de suelo y humedad, y aumenta la evaporación.
Fuera de las sierras, el panorama también es desolador. Se desmontaron los bosques chaqueños y del espinal, y se erradicaron los pastizales pampeanos del sudeste. De los 12 millones de hectáreas que tenían los bosques nativos, apenas quedan con su estructura original menos de 600 mil (cinco por ciento). De los tres ecosistemas que tenía la provincia, el Espinal y el Pampeano ya desaparecieron como sistemas extensos.
Los cultivos industriales que reemplazaron a los bosques y pastizales actúan, además, como verdaderas “bombas expulsoras” de agua. Para producir un kilogramo de porotos de soja, por ejemplo, las plantas utilizan unos 1.400 litros de agua. Cuando la lluvia y el contenido de agua del suelo no son suficientes, se extrae agua subterránea y se riega.
Las cuatro cuencas de agua subterránea ligadas con las sierras sufren distinto grado de sobreexplotación y, además, se las contamina con plaguicidas, líquidos cloacales y residuos industriales.
Finalmente, están los asentamientos humanos con patrones individuales de consumo cada vez más elevados, y las crecientes demandas comerciales, industriales y mineras de agua dulce.
Ideas confusas.
El problema no es la sequía, ni las futuras inundaciones que inexorablemente ocurrirán, sino un Estado provincial con ideas confusas e improvisación, y un Estado federal ausente. No perciben que tenemos la más baja resistencia ambiental y social de la historia para enfrentar la falta de lluvias, y también las lluvias excesivas. No hay provincia estable si no se equilibran las superficies destinadas a ambiente nativo y producción agrícola y no se protegen las fábricas de agua y suelo de las serranías.
Bosque y producción deben coexistir, lado a lado, con superficies equivalentes. Pero las medidas de Gobierno parecen marchar a contramano de lo que se necesita.
Para tener más resistencia ambiental y social a las sequías y las inundaciones, hace falta un programa elaborado por distintos actores sociales, pues los gobiernos de la Provincia y la Nación mostraron incapacidad para realizarlo.
Necesitamos declarar a las sierras como fábricas de agua y suelo y protegerlas en serio, prohibir el desmonte, conservar los ambientes nativos que hoy existen, recuperar los bosques degradados, terminar con la expulsión de campesinos y limitar regionalmente la superficie de campo dedicada a soja y otros cultivos industriales.
Urge un programa que conozca y monitoree la disponibilidad de agua superficial y subterránea; que proteja los embalses de la colmatación y las floraciones de bacterias tóxicas; que instale patrones individuales de ahorro; que promueva tecnologías de tratamiento de líquidos cloacales e industriales; que generalice tecnologías de ahorro como los inodoros de doble posición y los perlizadores; que reutilice las aguas de lavado; que disminuya los consumos abusivos y aumente los muy bajos, y que recicle el agua.
En un país semiárido, no podemos permitir que los megacultivos de soja y las mineras consuman tanta agua como ciudades enteras, que las canillas sigan divorciadas de las cuencas hídricas y que se culpe de todos los males a la sequía o las inundaciones. La crisis no vino del cielo sino de la terrestre imprevisión de los gobernantes.
incendio en EL CARMELO !
la brigada hippie chicotera tuvo un exitoso bautismo de fuego (mirà el video aquí:
http://www.diaadia.com.ar/?q=content/al-menos-12-focos-de-incendio-en-la-provincia-0 )
¡Y ESTUVO CERCA!
para que no se olvide el problema, se presentó firmas de los vecinos a BOMBEROS Y POLICIA locales, solicitando la INVESTIGACION y posterior INFORMACION PUBLICA de conclusiones, responsabilidades y sanciones resultantes de la misma
¡Seguimos en GUARDIA DE CENIZAS!
http://www.diaadia.com.ar/?q=content/al-menos-12-focos-de-incendio-en-la-provincia-0 )
¡Y ESTUVO CERCA!
para que no se olvide el problema, se presentó firmas de los vecinos a BOMBEROS Y POLICIA locales, solicitando la INVESTIGACION y posterior INFORMACION PUBLICA de conclusiones, responsabilidades y sanciones resultantes de la misma
¡Seguimos en GUARDIA DE CENIZAS!
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